Retórica Socialista

Pensées sur le discours cubain et d'autres choses

LOS MOLESTOS PATRIOTAS


Hoy he visto la indignación por las redes, grupos de cubanos enaltecidos e incómodos, como verdaderas jaurías de aseres en un concierto de Van Van, en sus mejores tiempos. La creme de la creme de los ecobios difíciles, con iddé reluciente a la muñeca, como si el orisha le hiciera más macho, como si los gramos de oro en un canino le otorgaran la testosterona que no proliferaba en el barrio, porque le llenaban de dedos la mejilla.

Están molestos porque unos venezolanos incineraron nuestra enseña nacional en señal de protesta, en las manifestaciones antigubernamentales de estos días. Nuestra bandera, porque es mía también, pero a la vez no es la mía. Mi bandera es la que ondeaba en la manigua en brazos de un mambí, no la que llevan los batallones de Avispas Negras del MININT que van a reprimir a los venezolanos. Les llaman ignorantes, que si los venezolanos no reconocen que una bandera no es un gobierno, que representa a un país.

Comprendo a los aseres indignados de la red, porque tienen razón, han quemado su bandera en las calles de Venezuela, es la misma de los consulados de la dictadura que les cobra el pasaporte más caro del mundo y ellos pagan contentos, sonríentes. Es la misma bandera de los consulados al que van a celebrar los veintiséis de julio por tres cervezas con chicharrones, porque no importa, porque son lo entes individuales creados en un proletariado hambriento, preocupado por las proteínas más que por los principios.

Los que robaron la república, la constitución y han repartido la muerte por el mundo llevan esa bandera. No te molestes, merece el castigo. Nuestra bandera está enfangada por los silencios cómplices. Si tuviéramos una pizca de honor cada vez que pasa un venezolano junto a nosotros, deberíamos ponernos de hinojos y pedir perdón. ¿Cuá es la molestia, el enojo?

Tal vez no seamos ignorantes, pero somos cobardes ignorantes.

R.Muñoz.

EN LA ESCASEZ APRETAMOS LOS DIENTES


Cuba tiene, sobre todo, escasez de rebeldía. Por eso es tan valiosa la poca juventud rebelde que aún nos queda. Cuando se dice que un joven es rebelde, lo que en realidad se está diciendo es que se rebela contra lo absurdo de su sociedad. No se declaran los jóvenes en rebeldía contra las ideas más absurdas y complejas, sino sólo contra aquellas que parecen aún más estúpidas ante los ojos del sentido común.
La escasez es una propiedad de la naturaleza. Ella es la culpable de que exista la propiedad. Desde los inicios de las civilizaciones sumeria y egipcia, la escasez de tierras fértiles produjo guerras. Sí, aunque parezca increíble, las cosas tienen dueño porque son pocas. Esta mesa, esta máquina desde donde escribo tienen que ser producidas, pues, no crecen en los árboles. 
Nada más lejos del Edén, el vergel de la súperabundancia, que la realidad humana. En nuestro universo, dada su realidad entitativa, sólo el aire y las aguas de los acéanos son superabundantes. Aunque sólo el primero es gratis (o sea, carente precio), puesto que todavía no tiene dueño.
Siempre me ha parecido inteligente la manera en que el —acaso el elohista— escritor resuelve la expulsión de los padres de la humanidad del paraíso: condenándolos a trabajar para poder vivir.
No hablaré aquí de la legitimidad de la propiedad privada. Esa es caña para moler otro día. Sino de la escasez.
La escasez es un concepto fundamental para filosofía de la libertad. Quizá la más antigua de todas. Y, como es natural, para la economía liberal, pues, es la clave que permite entender un hecho aparentemente simple: vivimos en un mundo en el que no nada más se necesita reunir ciertos materiales para producir otros, sino apropiárselos. De tal suerte que aquellos materiales más escasos son siempre más valiosos.
No comparto ni una sola de las ideas de Eliecer Ávila, pues, la ideología socialista, en cualquiera de sus variantes, es incompatible con el libertarismo. Pero reconozco el valor que tiene su rebeldía y la de los jóvenes que se suman a su partido o movimiento (como quieran llamarlo). Reconozco el capital político que va de a poco acumulando.
Algo cambia en Cuba lentamente.
Errel Rodericis 

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EL LIBERTARIO Y LA RELIGIÓN

No cabe duda, el estado ideal de la existencia más excelente y deseable es la posesión de una alegría continuada. No obstante, el hombre no puede conseguirla sin el uso de su mente. Será el uso apropiado de nuestra mente, de nuestra racionalidad, o lo que algunos autores llaman fortaleza de ánimo, el que nos libre de cualquier temor a la muerte y al dolor. Así dice un personaje ciceroniano (Torcuato): «Es preciso, en efecto, que exista en quien se encuentra en esas condiciones una fortaleza de ánimo tal que no tema la muerte y el dolor, porque la muerte nos hace insensibles y el dolor, si es largo, suele ser leve, y si es fuerte, suele ser breve, de suerte que la rapidez compensa su violencia, y el alivio, su prolongación.» ¡Y he aquí un punto muy importante, si no el que más importa, en las palabras de Torcuato!: «Cuando a esto se añade la ausencia de temor a la divinidad y el no renunciar del todo a los placeres pasados, alegrándose con su asiduo recuerdo ¿qué otra cosa puede añadirse a esto?»

Una de las grandes contradicciones en las que el hombre —de todos los tiempos— se enfrascó de continuo vino a ser el temor a los poderes súpernaturales. Recuerde usted que el proceso de la razón es la lógica y el fundamento principal de la lógica es el principio de no-contradicción, aquel que dicta lo siguiente: una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. Es un principio que no admite relativismo gnoseológico, epistemológico, ni moral.

Para la Patrología griega, por ejemplo, Dios es una contradicción, el propio Pseudo Dionisio Aeropagita justifica su existencia construyendo una literatura apofántica o paradójica del tipo: Dios es lo más grande y lo más pequeño o Dios es todo y es nada a la vez. Si la razón admitiera esto como cierto, entonces, su proceso no sería lógico, pues, éste no admite la contradicción. San Anselmo aplica la lógica en su argumento ontológico al tiempo que viola el principio de razón suficiente, pues, al igual que Aristóteles detiene arbitrariamente la infinitud de las causas alegando que tiene que haber una causa primera de todo lo que hay. ¿Por qué habría de ser así? Si hay un diseñador inteligente para la belleza de toda la naturaleza, o sea, todo el cosmos, entonces, ¿hay un diseñador de diseñadores? Note usted como, del igual modo, el argumento teleológico cae por su propio peso.

Otros religiosos argumentarán: la fe no es un argumento. Lo que es en sí una contradicción. Además, si los argumentos son las formas que toman los razonamientos al materializarse; entonces, se sobreentiende que se puede argumentar acerca de todo.

No estoy diciendo que deba usted volverse ateo, sino simplemente que es más cómodo y beneficioso no creer o, mejor, creer sólo en la razón, es decir, en la integración mental del material inteligible, de aquello que entra en la mente a través de los sentidos. Los hombres que poseen la inteligencia de las matemáticas y de las ciencias, en general —más o menos algo por el estilo decía Unamuno—, la mayor fe que pueden tener es la voluntad de querer creer. Los hombres verdaderamente racionales no creen en Dios.

¡Ya me gustaría ver a un católico admitiendo, supuesto que Dios tenga infinitud espacial, que su Dios también está en el infierno!

Uno de los grandes obstáculos para conseguir ser feliz es, justamente, el ser racionales sólo en los momentos de emergencia. Si hay una inundación subo al tejado y desde allí rezo por que llegue pronto un salvavidas. ¿Por qué no esperar al salvavidas —que, por supuesto, Dios me enviará— sentado en la cocina? No, la razón me indica: a Dios rogando y con el mazo dando. Subir al tejado sólo tiene un significado: en caso de una emergencia confío mi vida a la razón antes que a Dios. No hallo una mejor definición de hipocresía.

Ha sido, y lo seguirá siendo por siempre, gracias a los hombres que decidieron ejercer su racionalidad permanentemente, aquienes reconocen el absolutismo de la realidad, que hoy vivimos tan cómodamente y resguardados de los peligros de la naturaleza. No fue el curandero de la tribu quien inventó el fuego, no. Él quizá sólo ordenó quemar al inventor de tal invento. Ningún religioso de profesión hubiera descubierto lo que Farady descubrió, ni el cohete aeroespacial.

Verdad que Newton era un caso especial, pues, era a la vez una gran científico y un interesante místico, esto es, cabalista.

El hombre racional no se achica ante la realidad, sino todo lo contrario, posee la seguridad de que él puede cambiarla si se lo propone.

En el plano axiológico, el principio de no-contradicción viene a ser de gran ayuda al hombre que se ha propuesto ser feliz. Fijar sus metas y elegir sus valores debe ser un proceso racional, no un capricho. La razón, como dije más arriba, no admite relativismos morales como nada es bueno ni malo o que todo depende del punto de vista. Esta idea conduce a lo que algunos filósofos llaman moral gris. O sea, conduce hacia la incapacidad para juzgar moralmente los actos propios y ajenos. Bueno, pues, ¿por qué estas personas no se lanzan desde el balcón de un piso 14 si, al fin y al cabo, nada es bueno ni malo?

Uno de los más altos obstáculos que se presentan ante el logro de la felicidad se materializa en la ética de las emergencias, que plantea preguntas para situaciones en las que rara vez, en el curso de nuestras vidas, nos vemos involucrados. El tipo de preguntas kantianas: «¿Si usted ve a un niño ahogándose o en medio de un incendio, no lo salvaría?»; bueno, pues, un hombre racional diría: «Bien, entiendo el valor sacro, intrínseco, de la vida humana pero admito que lo pensaría antes de hacerlo, porque si no sé nadar ¿qué gano con ahogarme junto a él? O si, el caso se presentara de un modo tal en el que deba elegir entre salvar la vida de un niño a riesgo de perecer y dejar a mis propios hijos desamparados». Lo cierto es que no existe tal cosa como un imperativo categórico y que en raras ocasiones (repito, durante el curso de nuestras vidas) nos veremos involucrados en situaciones de emergencia como las que acabo de describir.

LOS MUSULMANES QUE EL MUNDO NECESITA 

POR QUÉ CUBAZUELA


EL CONTUMAZ INTERÉS de Fidel Castro por, digamos, apropiarse de Venezuela, quedó explícitamente manifiesto ante el mundo poco después del Incidente de Machurucuto. Tampoco es un secreto para nadie que bajo la máscara del Internacionalismo (dogma básico del socialismo de todos los tiempos), el Castrocomunismo fue invadiendo soterradamente —otra vez, pero ahora sí con éxito— a Venezuela. De tal suerte que, los difuntos Castro y Chávez consiguieron instaurar una nación, como diría Carlos Alberto Montaner, bicéfala y dizque logrado borrar sus fronteras territoriales. No obstante, subyace al interior de esta operación una contradicción que vale la pena conocer.

A lo largo de la historia el nacionalismo fue considerado por muchos líderes marxistas como un mal social mayor producto del capitalismo. Algunos declaraban abiertamente —incluido el propio Castro— su oposición a tal doctrina, calificándola de fascista. La unión de los pueblos latinoamericanos, que aboga desde hace tiempo por la disolución de las fronteras, es una variante de esta visión que no sabe diferenciar entre el chauvinismo racista y el patriotismo racional. De modo que toda forma de interés nacional es catalogada absurdamente por la propaganda madurista como una forma de fascismo. 

La doctrina socialista del internacionalismo va en contra de los mismos derechos nacionales que hoy Venezuela invoca ante los organismos internacionales.

De sol a sol se esparcen como cáncer por América Latina pequeñitas dictaduras estatistas cabalmente entregadas al uso de la fuerza bruta cuyo derecho a elegir su propia forma de gobierno no debe ser respetado por las naciones libres del mundo. 

Las dictaduras no tienen derechos nacionales. 

La colectivización total de la propiedad en Venezuela está ya muy próxima, ello traerá consigo la colectivización de los derechos, o lo que es lo mismo, la desaparición total de los derechos.

Raimundo santaclarensis
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“NOSOTROS NO INFORMAMOS, PENSAMOS CUBA”

Roba al estado, no al rico

Vallejo contra Santos, los Castro, García Márquez, las FARC y la madre de los tomates…

El escritor Fernando Vallejo ataca al Estado y lo considera el opresor número uno de los ciudadanos colombianos.

Retórica Socialista se complace en compartir con los lectores esta reflexión suya de hace algún tiempo por considerarla prácticamente un manifiesto libertario. 

https://m.youtube.com/watch?v=7GtA2RRZoE8